Vivimos en tiempos exponenciales donde lo extraño se ha hecho cotidiano y así convivimos con la verdad y el disparate de forma tan normalizada como cómoda. Ahora, esa forma actualizada de ideología del nihilismo que son los mercados reclaman cínicamente sin rostro la plena libertad para actuar contra las sociedades, imponiendo una percepción de la realidad como cuenta de resultados y donde todos los costes sociales, personales y colectivos son considerados simplemente daños colaterales.
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