Internet nació a partir de ideas simples, de las intuiciones básicas y elementales de Tim Berners Lee (su libro Weaving the Web) no de un gran proyecto empresarial. Gran parte de esa simplicidad se mantiene hoy día de forma tácita cuando navegamos o enviamos un email. El valor para el usuario no está relacionado con la complejidad técnica de fondo sino con la simplicidad de su experiencia de usuario. La mejor prueba de ello es que entre todos hemos hecho multimillonarios a creadores de simplicidad: Google, Paypal, You Tube, Skype, Iphone, Ebay… solo por hacer de la solución de nuestras necesidades algo más simple. Es innegable, como usuarios y clientes reconocemos tanto como amamos la simplicidad.
Las leyes del marketing y la publicidad son también simples pero la comunidad de profesionales al transmitirlos los volvemos opacos. La explicación de este exceso (siendo optimista) se debe a que este tipo de conocimiento, por utilizar la terminología del científico y filósofo Michael Polanyi, es un conocimiento tácito. Según Polanyi todos “conocemos más de lo que podemos decir”. Así, un músico no hace de su profesión el explicar cómo toca su instrumento; ni sabemos cómo ordenar en un discurso racional como montamos en bicicleta o como cambiamos sin pensar las marchas al conducir un automóvil. Pero nadie escribe libros sobre cómo montar en bicicleta. Así que la cuestión es si ¿es necesario escribir gigabytes sobre marketing para explicar cosas simples?
Descubriendo lo obvio (1): El marketing es simple


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