De una carta al director de EL PAIS de hoy leo lo siguiente que me hubiese encantado escribirlo yo mismo. Hago mía la reflexión sobre la ceguera a la que nos lleva, digámoslo filosóficamente, este nihilismo sin tragedia en el que se ha instalado nuestra sociedad de consumo, y nosotros con ella. Lo dicho, todos queremos a ANA-LUISA RAMÍREZ al menos, yo sí y soy humano (con permiso).

No toques. No beses. Aprende navegando. Fórmate online. Lee en e-books. Escolariza a tu bebé a los cero años (en inglés, please) y esterilízalo, Einstein-ízalo, Mozart-ízalo. Interna a tus ancianos en residencias.
No beses. Esterilízate. No toques. Denuncia a quien toque a tu hijo/a. No juegues con esto ni con aquello. No te la juegues. ¡Que no juegues, coño! Sé creativo, que yo te diré cómo hay que hacerlo.
No te diferencies. No decidas. No pienses, limítate a querer consumir lo que te imponen; a temer lo que te acecha, a pagar lo que te exigen; a conversar sobre lo que apuntan los medios; a leer por sagas los best seller de actualidad.
Ve al gimnasio. No fumes. No bebas. No rías, mejor acude por un módico precio a sesiones de risoterapia (de abrazoterapia no, que te he dicho que no toques).
No salgas sin tu móvil, tu portátil, tu pen drive, tu MP4. Sé el primero en obtener tu Plastic Logic eReader. Corre, paga, corre, paga, corre al dictado de la todopoderosa banca, de los glamourosos negocios, de los intereses políticos y financieros internacionales…
No beses. No des la mano. Di hola.
¡Hola! ¿Hay algún ser humano por ahí?

  1. Mertxe dijo...

    Así vivimos o pretenden que vivamos. Y cuesta salirse de eso, desmarcarse, ser uno mismo. Pero es el único camino que conozco….

  2. Eva Snijders dijo...

    Hola Miguel!

    Gran carta, yo también la leí. Y me alegra encontrar algunos seres humanos por ahí, sea en papel, en la red, en persona.

    Me invade la misma sensación que cuando en la adolescencia descubrí a mis primeros "clásicos": saber que alguien ha (d)escrito tus pensamientos, miedos y sentimientos alivia mucho.

    ;-)

    Un abrazo,
    Eva