La cultura, su significado y definición parecen haber sufrido un proceso de ampliación significativa gracias a los códigos culturales transmitidos por los medios de comunicación, sobre todo por la televisión e Internet. Para las familias la cultura es, en gran medida, la cultura que está asociada con las grandes audiencias. Un subyacente relativismo ha provocado que cualquier manifestación pueda ser considerada como cultura, hasta el punto de que no es evidente para las personas ni para las familias qué es -o no- un hecho cultural relevante. A la cultura se le ha ido imponiendo de manera progresiva la aprobación de las audiencias para que sea accesible, al consumo medio de familias e individuos. Se estaría produciendo, por tanto, un ajuste iterativo y nivelador entre la oferta y la aceptación de esa oferta por la audiencia, de manera similar a como sucede con las audiencias televisivas y la programación de la oferta. Lo que da lugar a la aparición de una cultura donde los promotores buscan la máxima aceptación de la máxima audiencia; esto es, la creación de la cultura hiperaccesible por igualación entre oferta planificada y demanda real.
La cultura queda para las familias en un estatus inferior al ocio o como una forma más de él. La cultura está siendo progresivamente absorbida e incorporada al ocio. Desde las narrativas familiares tiende a asociarse, de forma significativamente errónea, la cultura con los soportes y no con los contenidos. La tecnología es, de nuevo, el medio que mejor construye la ficción de difuminar la fronteras entre acceso a la cultura y la cultura misma; y se acaba instituyendo una confusión similar entre el acceso al conocimiento y el conocimiento mismo. Al darse esta confusión, se crea la ficción del conocimiento: por poseer o consumir un soporte se adquiriría también el conocimiento.
El consumo cultural apunta a un acto de compromiso limitado, con bajos niveles de esfuerzo y que favorece la ficción del conocimiento: la renuncia al esfuerzo del saber en favor del conocer. Como acto de consumo la cultura es identificada como aquello que tiene un alto grado de utilidad e inmediatez, e implica un esfuerzo limitado, o no se considerará como algo deseable. O a la inversa, ésas son las características que la cultura debe cumplir para tener éxito entre grandes audiencias.
Por último, la cultura ha dejado de ser una fuente de conflictividad generacional, a pesar de persistir distancias importantes para el trasvase de experiencias, conocimiento e imágenes del mundo entre generaciones. El conflicto no aparece, porque la cultura se experimenta de forma individual y no transferible; por tanto, gracias al relativismo cultural y una mayor tolerancia, orientada a facilitar la convivencia, la cultura no es una fuente de conflicto entre generaciones.

Uf uf, pero entonces ¿a qué llamamos cultura? ¿A algo descafeinado y masticado para que sea digerible y que se adapta a lo que pueda gustar a la mayoría?
Efectivamente, esa es en buena medida la tendencia del significado extendido de cultura; independientemente de que individuos puedan tener una concepción diferente. Es el resultado de la investigación.
Viéndolo de otra forma ¿existen conflictos generacionales culturales? Apenas hace cuatro décadas si los hubo y provocaron importantes cambios sociales en muchos ámbitos.
Gracias por tu comentario
Pues es bastante grave, ya que el conflicto generacional es un gran impulsor del cambio y la evolución. Si los jóvenes crecen ya "aburguesados" quién va a cambiar algo?
Más que una maduración aburguesada o decadente es a causa del propio relativismo cultural dominante por loq ue no hay conflicto, se trata simplemente de decisiones y opciones privadas e individuales, no sujetas a debate. Y por otro lado, a una búsqueda explícita de evitar el conflicto en el seno de las familias. Por decirlo de otra forma, la tolerancia y el el deseo de armonía llevado hasta sus últimas consecuencias ha derivado en una compelta falta de referencias. Esto no solo afecta a la cultura sino a más aspectos de la vida familiar y social.
Bien la puntualización, pero sigue siendo grave. El progreso "moral", los cambios sociales se dan en contexto de debate, de opiniones encontradas, de arte crítico, etc. Si no hay nada de eso, se tiende a una uniformización, a una desvalorización generalizada, una especie de todo vale y nada vale a la vez. Y no estoy segura de que eso sea bueno para el conjunto de la sociedad.
Mertxe, como sociólogo -y es como enfrenté la investigación- la tarea es comprender y describir; y es lo que he hecho. Hay disciplinas que son intervencionistas en la realidad, p.e. el Trabajo Social, pero desde la sociología o la antropología no se da esa vocación intervencionista sino la de investigar, comprender, describir y explicar. Evidentemente tengo mi opinión y está muy cercana a la que expones, pero mi trabajo sociológico acaba con el establecimiento de una teoría explicativa de la realidad; juzgar la bondad o perversidad de las conductas y prácticas sociales, nos supera a los sociólogos porque comprender no garantiza el accionar las palancas correctas para el cambio o mejora social necesariamente.
PS: Y ahora, que no nos lee nadie, mira el ejemplo de los pedagogos dónde han llevado a la educación básica de este país las teorías buenistas bien intencionadas.
Tienes razón, cada disciplina tiene sus métodos y la sociología describe, como la antropología. Los de Humanidades, como tocamos muchas teclas (aunque creo que ninguna bien, je je), somos más "discutidores", del debate, de ver cómo se elimina la disidencia (en arte por ej.), como se sacan temas del debate social (en política), que repercusiones morales tiene ciertas actitudes o prácticas sociales (temas éticos)…En fin, un poco meticones, que se dice…