La pasada semana publiqué tres post extraídos de las conclusiones de un paper que publicaré en los próximos meses sobre Ocio, cultura y tecnología. Consumo y significado. En relación con las conclusiones del post relacionado con el significado y consumo de cultura, Mertxe Pasamontes hizo un primer comentario que, tras mi respuesta, se acabó convirtiendo en un diálogo interesante por el calado en la evolución de la idea de cultura como generadora de cambios socialmente. Finalmente, he decidido, con su acuerdo, convertir esos comentarios siempre un poco postergados en un post en sí mismo. Aquí está el resultado y también en el blog de Mertxe que llama Comitare
Entonces ¿a qué llamamos cultura? ¿A algo descafeinado y masticado para que sea digerible y que se adapta a lo que pueda gustar a la mayoría?
M. del Fresno
Efectivamente, esa es en buena medida la tendencia del significado extendido de cultura; independientemente de que individuos puedan tener una concepción diferente. Es el resultado de la investigación.
Viéndolo de otra forma ¿existen conflictos generacionales culturales? Apenas hace cuatro décadas sí los hubo y provocaron importantes cambios sociales en muchos ámbitos. Gracias, por tu comentario
Mertxe Pasamontes
Pues es bastante grave, ya que el conflicto generacional es un gran impulsor del cambio y la evolución. Si los jóvenes crecen ya “aburguesados” ¿quién va a cambiar algo?
M. del Fresno
Más que una maduración aburguesada o decadente es a causa del propio relativismo cultural dominante por lo que no hay conflicto, se trata simplemente de decisiones y opciones privadas e individuales, no sujetas a debate. Y por otro lado, a una búsqueda explícita de evitar el conflicto en el seno de las familias. Por decirlo de otra forma, la tolerancia y el deseo de armonía llevado hasta sus últimas consecuencias ha derivado en una completa falta de referencias de qué es y qué no es cultura. Esto no solo afecta a la cultura sino a más aspectos de la vida familiar y social.
Mertxe Pasamontes
Bien la puntualización, pero sigue siendo grave. El progreso “moral”, los cambios sociales se dan en contexto de debate, de opiniones encontradas, de arte crítico, etc. Si no hay nada de eso, se tiende a una uniformización, a una desvalorización generalizada, una especie de todo vale y nada vale a la vez. Y no estoy segura de que eso sea bueno para el conjunto de la sociedad.
Mertxe, por un lado en mi opinión el consumo está dando pie a una estética y, sin duda, a una nueva economía moral, aunque sea inversa. Por otro lado, como sociólogo -y es como enfrenté la investigación- la tarea es comprender y describir; y es lo que he hecho. Hay disciplinas que son intervencionistas en la realidad, p.e. el Trabajo Social o la Pedagogía, pero desde la sociología o la antropología no se da esa vocación intervencionista sino la de investigar, comprender, describir y explicar. Evidentemente, tengo mi opinión y está muy cercana a la que expones, pero mi trabajo sociológico acaba con el establecimiento de una teoría explicativa de la realidad; juzgar la bondad o perversidad de las conductas y prácticas sociales, nos supera a los sociólogos porque comprender no garantiza necesariamente los resultados deseados ni el poder accionar las palancas y resortes correctos para el cambio o mejora social.
Mertxe Pasamontes
Tienes razón, cada disciplina tiene sus métodos y la sociología describe, como la antropología. Los de Humanidades, como tocamos muchas teclas (aunque creo que ninguna bien, je je), somos más “discutidores”, del debate, de ver cómo se elimina la disidencia (en arte por ej.), como se sacan temas del debate social (en política), que repercusiones morales tiene ciertas actitudes o prácticas sociales (temas éticos)… En fin, un poco meticones, que se dice…
PS: Y ahora, que no nos lee nadie, mira el ejemplo de los pedagogos (intervencionistas) dónde han llevado a la educación básica de este país las teorías “buenistas” como bien intencionadas.
PSS: Espero que ningún/a pedagógo/a se moleste, y menos una doctora a la que aprecio mucho.